En ruta hacia los tres mil muertos por COVID-19

Por Ramiro Guerra / Abogado y cientista político

Hace algún tiempo escribí que  nuestra individualidad es también portadora de un sentido  de lo universal; hay una relación de concatenación, no siempre aprehensible o perceptible.

Cuando alguien muere, con él o ellos, parte de uno también muere. Es una dialéctica de la existencia y de la muerte. En medio de esta pandemia, ese es el sentimiento que tenemos; médicos, enfermeras, trabajadores de la salud y panameños siguen cayendo; la ruta hacia los tres mil muertos por covid-19 pareciera incontenible.  

No conocí personalmente al Dr. Fanor Cabrera, médico del Hospital Santo Tomás, perdió la vida. Me hago la pregunta, ¿qué se ha hecho mal en esta lucha contra el covid? ¿En que hemos fallado?

Era inevitable que murieran y sigan muriendo tantos panameños? Acaso nuestro sistema de salud no es el  dechado de virtudes, de lo cual alardean funcionarios?

Ayer una persona me contó su tragedia; trajo a su señora de Penonomé a Panamá con fractura por una caída; llega al complejo, el médico no la puede atender, según le dijeron, el Doctor estaba en cirugía; la enviaron de regreso porque no había cama ; la ambulancia se había regresado. «Tuve que alquilar un carro para llevarla de regreso, tal como la traje, con su fractura por caída y no puede caminar. Terminó llorando y diciéndome, la cita me la dieron para dentro un mes. ¡Dios santo!

Algo no está cuadrando bien en el sistema de salud. Un médico se quejaba diciendo que lo obligan a trabajar hasta 32 horas seguidas. Estamos exhaustos. Conozco  a un dirigente de los buhoneros que le hicieron una operación en el estómago y tiene secuelas que le están mermando su vida y no hay manera que lo atiendan.

Hemos llegado al extremo de hacer lectura de los discursos al revés; cuando nos dicen algo, el mensaje enviado, hay  que recepcionarlo contrario a los que nos dicen.

A las organizaciones de derechos humanos, a la Defensoría del Pueblo les decimos vayan a los hospitales, hablen y escuchen a la gente.  Como en la novela de Hamlet, algo huele a podrido en Dinamarca.   ¡Qué inhumano!. ¿Qué nos pasa?

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